opinión Pedro Nuño
Hasta el alcalde Luis Barcala sabe que Les Fogueres no dan necesariamente votos decisivos, pero los pueden quitar

Sabiendo que no pude asistir porque me encontraba fuera, pero y también que soy un convencido admirador y seguidor de nuestras fiestas de Les Fogueres, me mandan para que repase y opine sobre el vídeo de la solemne proclamación de nuestra Bella Infantil 2025-26

Vaya por delante que de mis 4 hijas, 3 han sido Damas y Belleas de la hoguera Monjas-Santa Faz, probablemente una de las más singulares y ácratas de todo el elenco fogueril, donde tuve que implicar no sólo el bolsillo porque sus vestidos y atrezo deben ser los mejor acicalados y trajeados con las telas más preciosas y aparatoso almidonado, sino porque, y esto ya fue algo personal, me persuadieron para desfilar con ellas por las calles alicantinas y varias veces investido de -saragüell- (es herejía ignara definir «disfrazados» tanto aquí como en Moros y Cristianos, refiriéndonos a los vestidos de fiesta.

Hasta el alcalde Luis Barcala sabe que Les Fogueres no dan necesariamente votos decisivos, pero los pueden quitar

Por lo que podido observar más o menos como otros años: niñas ilusionadas imbuidas en sus vestidos de novia alicantina, madres apresuradas en dar el último toque al maquillaje y a la compostura de ornatos y mantillas; los fogueres en pleno, dignísimas autoridades (que se dice), y hasta el alcalde Barcala sabedor de que Les Fogueres no dan necesariamente votos decisivos, pero los pueden quitar. Y un numeroso público amante de antropología festiva más señera.

Sin embargo todo empezó a cambiar el guion habitual con una previa teatralizada representación y sobre un niño que quiere ser foguerer asistido por su abuelo, veterano conocedor de la fiesta (cuaderno ilustrado original de David Hernández).

¿En qué hablamos los alicantinos?

No sé si es que al mundo fogueril le ha entrado como de repente un sentimiento de valencianía idiomática, llevando los modismos alicantinos capitalinos a un paroxismo de indoctas variantes más o menos seudo castellanizadas; o que pasan, sin importarles un bledo el bochornoso ridículo público de desaplicar ¿ignorancia? las normas de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL-2006). El caso fue que todos los/las intervinientes posteriores al sainete, se supone que con el texto escrito en valenciano por las comisiones fogueriles, que fue leído literalmente, producía vergüenza ajena entre quienes conocen la lengua levantina; pero además a los esforzados/as se notaba que era algo impuesto, es decir: impostura, porque no era su lengua natural en casa, ni siquiera en el colegio, donde, y por cierto, los maestros dan varias asignaturas en valenciano normativo con absoluta corrección gramatical, mientras que cuando conversaban en castellano resultaban de una corrección tan idónea como demandan los estudios universitarios.

No hace mucho escribimos un artículo titulado: «¿En qué hablamos los alicantinos?» señalando la gran diferencia, según pueblos y comarcas a la hora de normalizar el valenciano, cuando, por poner un ejemplo entre otros muchos Petrer mantiene preferencias por su lengua vernácula, mientras la fronteriza Elda lo hace en castellano; o Crevillente en referencia a Orihuela. Pero en Alicante capital según cientificidad de estadística universitaria: «el porcentaje en Alicante capital de valenciano-parlantes, era del 4%». Opino que este dato es lo suficientemente explícito como para explicar tanto esnobismo artificioso.

Claro que hablar de artificiosidad resulta baladí cuando, y al parecer, los altos dignatarios y dignatarios fogueriles sabían mucho más del futuro por acontecer que un gurú hindú, alguna ha habido pidiendo un año de excedencia en su trabajo sabiendo el papel que le esperaba en la fiesta sin que se le hubiera otorgado todavía; o los velados intercambios de futuros premios y diplomas entre las hogueras y barracas más potentes ¿casualidad, coincidencia o apaño?

Ya se montó el pollo, hace tantos años que casi lo hemos olvidado, pero recuerden la confrontación del valenciano versus el catalán, y que en principio ya tenemos muy clara nuestra lengua vernácula compartida con el castellano nacional. Ahora ya podemos montar otra bronca filológica por el Alicantón lingüístico que acaba de montar la Federació de les Fogueres de Alacant. Para eso ya teníamos el tabarqueño o tabarquino.

Para la próxima ocasión bien pueden llamar a mi amigo Ponsoda (lo hizo impecablemente como locutor de fondo del reportaje de 12TV) o a Andrés Maestre o César Beltrán, ambos profesionales perfectos conocedores de ambas lenguas habladas y escritas, eso les dará el caché intelectual que hasta ahora les falta.

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