opinión Nuño
Alicante ha sufrido bestiales riadas, también recientes y genocidas, somos zona con cierto peligro sísmico, y aunque el alcalde diga que estamos preparados, mientras se le cae una parte del techo de su Ayuntamiento, lo cierto y verdad es que todavía queda mucho por hacer

Vivo en frente de la Casa de las Brujas, donde se encuentra la sede o delegación institucional del Gobierno Valenciano para la provincia Alicante, donde se celebran muchos actos protocolarios, recepciones y despachos del president o de los conselleres cuando vienen a la capital del Sur también existe. He visto pasar riadas de gente con miles de personas manifestándose bajo pancartas explicativas de su razonable cabreo; vocerío (incluso en pareados), casi siempre dirigidos por los estridentes megáfonos de los organizadores, o por los transidos de notoriedad; y ondear de banderas, raramente la constitucional de todos los españoles, predominando autonómicas, rojas y verdes, incluso alguna ikurriña que no sé qué narices pintaba aquí.

El jueves todo eran banderas balanceadas al viento gélido, pancartas: «Mazón dimisión«, alguna también contra José Antonio Rovira conseller de Educación, por no comentar las antitaurinas, ya parece rebuscado mezclar cuernos con ahogados, y mucho gritón/a clamando para que se vaya el PP y el Gobierno de la Generalitat, sin concurso de las urnas, es decir expulsados por el movimiento popular como ha sucedido en tantas revoluciones desde la francesa tomando la Bastilla a Mayo de 68 que acabó con el presidente de la República, general Charles de Gaulle.

Alicante ha sufrido bestiales riadas, también recientes y genocidas, somos zona con cierto peligro sísmico, y aunque el alcalde diga que estamos preparados, mientras se le cae una parte del techo de su Ayuntamiento, lo cierto y verdad es que todavía queda mucho por hacer

Pero y a parte de la sonora algarabía callejera, debajo de pancartas, banderas y megáfonos, cruzando por debajo de las recién encendidas luces navideñas, apenas había 220 personas. Lo que podríamos extraer varias lecturas:

La primera es que las acostumbradas organizaciones convocantes ya no tienen el tirón de ayer por muy razonable que sea su protesta, y en este caso lo era en una acción conmemorativa al mes después de la tragedia con más de 222 muertos, destrozos con mucha casa derruida, vías de comunicación, barrancos y bancales dinamitados por la fuerte torrentera; fábricas y talleres que todavía no saben si volverán a oír el ruido de sus máquinas; imperativa obligación de construir cientos de casas para los desahuciados por la Dana; en definitiva, la reconstrucción de pueblos, algunos categorizados como ciudades, tras este castigo de la naturaleza a la que la sobrada presunción humana intenta domeñar.

La segunda ojeada, es que mucho hablar de la solidaridad autonómica, mucho imponer el valenciano en escuelas y burocracias; cainitas enfrentamientos faltones entre las Administraciones del Gobierno Central y de la Generalitat, cuando el pueblo sabe que ambos tienen su parte de culpa, unos por falta de decisión y arrestos para tomar las riendas tras el pavoroso desastre genocida, los otros por inoperantes, tardones e irresolutos. Mucho parloteo huero, pero pocos dineros de inmediatez resolutiva. Tras tanta promesa sobre las ruinas de la Valencia Sur, Sánchez no ha llegado más allá de unas décimas, Mazón todavía está en un 15%. Y mientras los más afectados andan dispersos en casas de familiares y amigos, hospederías y arrecogidas, sin saber cuándo volverán a dormir en su propia cama o reunir lo poco que se haya salvado de sus casas: es dolorosamente patético como limpian con lágrimas el barro de las fotos de quienes tanto quisieron y ya no están.

Y por concluir con una tercera ojeada al estado de la crisis (que dicen los políticos), a los alicantinos no parece habernos afectado demasiado (menfotismo = pasotismo) lo que para los valencianos cercanos a la capital comunitaria acaba de ocurrir y ya se endurece el barro dificultando gravemente calles, locales y pisos bajos.

Supongo que nada objetaremos cuando suban los impuestos, siempre que sean social y coherentemente gravados, aunque durante un tiempo deberemos asumir la postergación de obras que teníamos prometidas y presupuestadas; y, esencialmente que el sentimiento y sentido autonómico de la Constitución de 1978, no ha calado como quisieron los padres de la patria desde Fraga a Solé Tura.

Alicante ha sufrido bestiales riadas, también recientes y genocidas, somos zona con cierto peligro sísmico, y aunque el alcalde diga que estamos preparados, mientras se le cae una parte del techo de su Ayuntamiento, lo cierto y verdad es que cuando preguntas a los técnicos municipales, y bajo la petición de absoluta discreción, advierten que todavía queda mucho por hacer, esencialmente en prevención, ampliación y limpieza de aquellas obras y desagües que empezara Alperi tras la riada de 1982. 220 personas, misérrima resonancia a sabiendas de que puede volver a pasarnos en esta ciudad construida sobre ramblas y barrancos. Una pena.

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