Desde el año 1833 Alicante se desgaja de la antigua provincia murciana, para erigirse en capital de la provincia que en adelante llevará su propio nombre. Y como tal ciudad representativa ha ejercido (durante casi 200 años) acogiendo mandatarios, españoles y extranjeros, consulados de tres continentes, y escala obligada entre el Magreb y el sur de Francia; amén de coordinar e intervenir en salvamentos tras desastres naturales como riadas, incendios forestales en nuestras serranías, y anteriormente terremotos en la Vega Baja. Siendo, además, el último puerto de salida de los republicanos escapando del inclemente general golpista.
Y esa responsabilidad histórica, tantas veces opuesta al nepotismo del Cap i casal valenciano, a veces madre, y otras, madrastra, nos vuelve a hacer ahora responsables y democráticamente adversarios contra el arbitrario cierre del grifo para el trasvase del río Tajo a la cuenca del Segura, precisamente en un verano que, según los meteorólogos, hará hervir las piedras, y durante el cual, ya nos viene adelantado, los riegos de socorro son obligatorios para la supervivencia hortofrutícola de la llamada «Huerta de Europa», conjuntamente con el turismo y la diversidad industrial, motores económicos de toda la provincia representada en la Diputación capitalina.
Carlos Mazón debe hacer valer su alicantinidad para ser contundente frente al futuro presidente del Gobierno español
Pedro Sánchez, hoy en sus postreros estertores, ha ordenado el cierre parcial de las compuertas de Entrepeñas (Guadalajara) desde donde se transfiere el agua sobrante de la cuenca del Tajo a los eriales del Sureste español, acoquinado por su inamistoso compañero de partido, García-Page, el único presidente autonómico que ha obtenido una mayoría absoluta, demostrando que los vocingleros podemitas no le valen ni como subalternos políticos, a quienes y por cierto, autoproclamados como purgante de la izquierda, el cachazudo presidente castellanomanchego traga menos que al aceite ricino.
Obviamente nuestro derrocado gobernante de la Comunidad Valenciana Ximo Puig: «parole, parole, parole…», pero durante todos sus mandatos, e iban para ocho años, no ha conseguido ni un botellín de agua natural corredora para los agricultores alicantinos. Algo, por otra parte, fácilmente deducible dada la animadversión que se tienen ambos líderes socialistas desde que, en la batalla por controlar el PSOE estatal y primigenio, el castellonense se pusiera a favor de la andaluza Susana Díaz y en contra de un madrileño, entonces advenedizo Pedro Sánchez, incapaz de perdonar, y mucho menos de olvidar agravios del pasado.
Ahora, Carlos Mazón, presidente de nuestra Generalitat, debe hacer valer su alicantinidad de nacencia, de experiencias personales, familiares, estudiantiles, etc., y, en definitiva: municipalidad a la que debe su ascendente carrera política. Y eso le obliga a ser contundente, incluso belicoso frente al futuro presidente del Gobierno español que, por el bien de esta provincia, esperemos sea Alberto Núñez Feijóo, porque de continuar Pedro Sánchez nos sentenciará con la chusca advertencia hostil: «al enemigo, ni agua. Y si es en el desierto, polvorones…»
Francisco Franco Bahamonde nos declaró (a los alicantinos) «provincia enemiga», al parecer, Pedro Sánchez lo sigue remedando en muchas actitudes mandatarias. Y luego dice que los medios de comunicación adversos lo perseguimos con abyecta maldad y saña calumniadora. Como si periódicos, televisiones y radios hubieran gestionado el calamitoso covid 19, los pactos espurios con separatistas-golpistas, o la incongruencia podemita de «solo sí es sí» donde la inconsistente prótesis de estos nuevos illuminati ha infectado la vieja herida machista.
No nos mande más polvorones, Señor presidente en funciones, en Jijona tenemos suficiente surtido de dulcería, y léase a Machado (Antonio), aunque usted no parece personaje ilustrado, cuando el poeta en uno de sus proverbios y cantares escribió aquello de: «Bueno es saber que los vasos/nos sirven para beber;/lo malo es que no sabemos/para qué sirve la sed.»
A lo mejor nos lo explica Pedro Sánchez y brindaremos por su victoria en una jaima alicantina.