Si entras en un periódico y según la ultimísima encuesta el PP ganaría por mayoría absoluta tanto en la provincia como la capital de Alicante; si lo haces en otro, Mazón, Catalá, Barcala… son, no sólo los más conocidos, sino los mejor valorados con diferencias importantes sobre sus adversarios políticos; y si le es un tercero, cada vez hay mayor indiferencia hacia la cosa pública como preocupación ciudadana.
Esto evidencia dos vicisitudes sustanciales: El PSOE PSPV no tiene quien le escriba; Compromís no tiene quien le escuche; Unides Podem ha perdido las referencias de lo que un día fue Izquierda Unida y de sus propios orígenes manifestarios echándose a la calle como aquellos surrealistas revolucionarios sin revolución.
Y la segunda: que el predominio del PP sin Vox a su derecha más ultra (que se van, pero quedándose), y casi nadie a su izquierda, puede rayar en un fastidioso absolutismo impropio de una democracia contemporánea. Pero y también habría que señalar que semejante predominio en las instituciones valencianas y, por ende, alicantinas, no es tanto mérito suyo, como demérito de la oposición. Porque, como bien señalaba el viejo zorro de la política italiana, Giulio Andreotti: «el poder desgasta a quien no lo tiene», es decir, a la oposición. Y el PSOE -PSPV, después del batacazo en las últimas autonómicas y municipales, no rasca ordeno y mando en ninguna capital, ciudad que se precie, y tampoco en muchos pueblos que venía dominando, sólo o coaligado, desde la Constitución al presente.
Barcala tiene que ser más exigente con Mazón, y si cupiera también con Sánchez, volvemos a los surrealistas, «y pedir lo imposible»
Claro que si Miguel Miñana, secretario de los socialistas capitalinos, convoca una reunión con Compromís para hacer un frente popular contra Barcala, y no llama a ningún/a concejal de los suyos en el Ayuntamiento, siquiera a la portavoz y cunera (de Sax) Ana Barceló, que vino hasta Alicante para poner orden y armonía entre clanes, pero sólo ha sembrado desconcierto reavivando viejas malquerencias (por supuesto con el incombustible Ángel Franco), eso sí: cambiándose el sueldo de consellera por el próximo contante y sonante como portavoz.
Todas estas cuitas entre gerifaltes socialistas pueden explicarnos perfectamente el desaguisado opositor que deja inane a un partido – que dispuso mandatos de varios cuatrienios en Alicante–, ante un PP omnipotente para hacer y deshacer cuanto le venga en gana, e incluso no hacer nada salvo gestionar el día a día que ya llevan los funcionarios en diversos equipos resolviendo trámites administrativos, inclusive pensando proyectos por los políticos/as para que éstos no agoten las meninges, entre y parafraseando a Antonio Machado: un futuro que nace hacia sus dos extremos litorales (San Juan y San Gabriel), y un Centro y barriadas que bostezan.
Basta mirar a nuestras capitales limítrofes: Valencia, Albacete y Murcia para comprobar su nivel desarrollista y compararlo con el desfavorable nuestro, pero tampoco en ellas parece que el nivel de la oposición sea más duro e incisivo. Es como si la decadencia de Pedro Sánchez (ahí también cantan las encuestas nacionales) se esté corriendo por las Españas como un carcinoma político irresoluble por incurable, salvo para Cataluña manirrota gastando de los fondos estatales que otros carecen, en clara demostración de la victoria del conseguidor Salvador Illa, segunda versión de Jordi Pujol, con un soberanismo de intensidad controlada y medios plazos rubricados con ERC.
Barcala tiene que ser más exigente con Mazón, y si cupiera también con Sánchez, volvemos a los surrealistas, «y pedir lo imposible», que ya nos quedarán alguna posibilidades de mejorar el suburbano, la conectividad entre barrios y pedanías, la puesta en marcha de planes generales de ordenación urbana, o parciales (que también son necesarios), pero y sobre todo que volvamos a estar en el mapa español, pues hasta los meteorólogos de la tele en su parte diario nos ignoran muchas veces siendo la cuarta o la quinta provincia de España.
Gobernar como Don Tancredo y con esa oposición incompetente por dividida y falta de perspectivas, lo sabe hacer cualquiera sin barajar alternativas, ni darle al tarro de la creatividad, pero pasar a la historia (aunque sea la localista) como un gran alcalde son decisiones de otro costal que no es el que lleva usted ahora mismo a sus espaldas, mi querido Luis, y, además: lo sabe. Mueva ficha.