opinión Nuño
Los enfermos no quieren saber tanto del lugar exacto en un radio de 30 km donde pueden ser asistidos, como en ser sanados con la mayor prontitud y profesionalidad posibles en una nación cuyas mayores inversiones presupuestarias son Sanidad y Educación

Nadie sabe quién empezó esta guerra incruenta, pero cierta en algunas animadversiones sociales, supongo que las diferencias, mayormente chovinistas, vienen desde tiempos de Akra Leuka versus Helike hasta hoy, cuya última batalla es por un ponme o quítame allá el grado superior de la carrera de Medicina y otras adyacentes en el extenso campo de las Ciencias de la Salud.

Alicante capital, aunque su universidad (UA) nació como CEU y está como campus en el pueblo de al lado San Vicente del Raspeig, quiere impartir al completo los estudios de Medicina y derivados, de hecho, ya ha debido empezar con 172 alumnos, pero Elche y su universidad Miguel Hernández, dicen que se cante otra la Rectora alicantina, Amparo Navarro, metiéndola en litigios (siempre las puñetas judiciales para solventar lo que es misión y obligación de los políticos y en todo caso de las autoridades universitarias, asesoradas por sus catedráticos y doctores también en la materia que nos ocupa). Obviamente la primera sentencia que ha caído del lado alicantino será recurrida por Elche, salvo solución política.

Los enfermos no quieren saber tanto del lugar exacto en un radio de 30 km donde pueden ser asistidos, como en ser sanados con la mayor prontitud y profesionalidad posibles en una nación cuyas mayores inversiones presupuestarias son Sanidad y Educación

La solución de la Generalitat parece tan salomónica como ininteligible inventándose Carlos Mazón el término “campus sumatorio”, expresión que como tal no se encuentra ni en Google, ni en todas las “wikis” por donde anduve buscando, imagino que no se la habrá prestado el conseller José Antonio Rovira, quien es de ciencias, Economía más concretamente, pero para eso tiene el president toda una legión de asesores, alguno con ocurrencias como esta entre el tálamo y los campamentos multinacionales enfrentados en tantas guerras europeas.

Sostiene Juan José Ruiz, Rector de la UMH ilicitana, de dos Facultades de Medicina a menos de 9 km la una de la otra “son inviables”, ateniéndonos a lo que supondría para el gasto público en personal muy cualificado (también para Enfermería), prácticas aplicadas por necesarias, ya se sabe: laboratorios, visitas docentes guiadas por las salas hospitalarias y centros de salud, por no hablar de disecciones con cadáveres, y gastos supletorias según las especialidades.

Asuntos estos baladíes y de menor consistencia si pensamos en Valencia, Barcelona, Madrid, Sevilla y tantas otras provincias que albergan más de 3 Universidades, sin contar las privadas, dando así al alumno tanto mayor posibilidad de elección (distancia, calidad del profesorado, prácticas, etc.) como a los rectorados facilitar qué tipo de facultades de Medicina, Enfermería, Ciencias de la Salud, Oftalmología, Otorrinolaringología, y un larguísimo etcétera, desean impartir en sus campus según demanda o prestigio.

Sobre los costes para la coexistencia de nuestras 2 universidades alicantinas, tanto monta ilicitanas, por no añadir las extensiones oriolana y dianense, me parece una cuestión de Presupuestos, y ahora es cuando me empieza a sonar lo del “campus sumatorio”, algo así como el campo de fútbol San Siro en Milán que comparten AC Milán y Inter de Milán, por no citar otros muchos en las mismas condiciones de aprovechamiento y compatibilidad. Es indudable que espacios sobra en el tan anunciado y presumido Parque Científico (también en San Vicente), vale el ejemplo más próximo de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y la Universidad de Barcelona (UB) compartiendo el Parque Científico de Barcelona. Es de suponer que cuando Carlos Mazón y su compañero del alma José Antonio Rovira llegaron a la Generalitat, ya tuvieran sobre sus mesas de trabajo el montante que ello significaría con su correlación de dinero y tiempo, pros y contras, pero sobre todo la viabilidad que corresponde al político gobernante ya sea con catedráticos, funcionarios de cualquier laya y obras públicas entre las que se incluyen los distintos campus universitarios; claro que esto con la mayoría de las carreras de letras no ocurre porque pueden compartir aulas, bibliotecas, centros deportivos, etc.

Insisto pues en que, aparte del bizantinismo académico, muy entretenido para los pedagogos, los enfermos no quieren saber tanto del lugar exacto en un radio de 30 km donde pueden ser asistidos, como en ser sanados con la mayor prontitud y profesionalidad posibles en una nación cuyas mayores inversiones presupuestarias son Sanidad y Educación, las únicas a las que Juan Español (ilicitano o alicantino y sus muy habitadas comarcas colindantes), no ponen ninguna pega; si acaso, el político adversario. Así pues, es a Mazón y a Rovira a quienes toca tomar la decisión última. Apenas falta un apenas: que nos expliquen clara y pormenorizadamente en qué consiste y cómo se lleva a cabo su ingeniosidad semántica del “campus sumatorio”.

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