Opinión Pedro Nuño VOX
Todos menos el PP piden la inmediata dimisión del propio Barcala como responsable último de semejante descontrol funcionarial

Se habla y se comenta en los mentideros políticos de esta corte de los milagros que siempre fue nuestro Alicante capitalino, sobre la petición dimisionaria del alcalde Luis Barcala, sea demanda desde la derecha o desde la izquierda del PP. Ataques que últimamente arrecian desde que estalló el escándalo de las viviendas protegidas (Les Naus) cuyo conveniente precio de coste y situación privilegiada presuntamente aprovecharon algunos/a técnicos municipales para adjudicárselas como juez y parte desde una posición deshonesta por obviamente favorable gracias a sus cargos.

Tan feo asunto ya está en Les Corts, donde con buena lógica posicional todos están de acuerdo en investigar cualquier tipo de ventajismo, pero difieren a la hora de pedir cabezas, aunque los principales y conocidos responsables implicados en la concesión supuestamente prevaricadora ya han sido cesados siquiera antes de publicarse en el boletín oficial correspondiente. La diferencia, evidentemente cara a la galería, es que todos menos el PP piden la inmediata dimisión del propio Barcala como responsable último (también en el área de urbanismo) de semejante descontrol funcionarial.

Vox, quienes desde que empezó esta legislatura fueron el mimo y ojito del alcalde con 4 concejalías, hoy andan en un sin vivir para desmarcarse del «barcalismo», y al tiempo no refrendarse con nacionalistas y podemitas de distinto pelaje político, o sea: sus declarados «enemigos» ideológicos con quienes cuando coincide el sentido del voto contra los populares tienen que taparse la nariz repulsiva.

Eso ocurre de Pleno y Comisión de Gobierno para adentro, pero basta que traspasemos lo institucional para que los de Abascal, quien y por cierto se está quedando sólo como líder fundacional de Vox, te comenten of de récord o a las claras que son órdenes directas de Madrid y ellos un partido piramidal donde los haya, por lo tanto: acatan y cumplen, no vaya a ser que la respuesta – si preguntan de más – sea la misma que la aplicada a Ortega Smith: expediente de expulsión y tentetieso. El líder de camisa abierta y pelo en pecho ejerce su autoridad como un caballero legionario contra el mangoneo bipartidista, la decrepitud moral de una democracia que obviamente no es la suya, y la necesidad de restaurar lo que ellos llaman: «valores patrios».

Por lo que a nosotros corresponde en municipio propio se nos plantean algunos interrogantes como: ¿Se van a quedar Maricarmen Robledillo, Óscar Castillo, Mario Ortolá y Juan Utrera sin los diezmos y primicias que supone una concejalía bien abastecida en los presupuestos generales? Presupuestos de 367, 3 millones (a los que en diciembre del año pasado han dado su beneplácito desde Vox), eso sí demandando la prohibición del burka y demás velados ropajes islámicos, esencialmente yihadistas, como artificiosa moneda de cambio («estamos aquí»), pero no entendemos qué tiene que ver el culo con las témporas (viene al caso), o nuestros dineros municipales para cumplir un programa del equipo de gobierno, con mandar desvestirse a toda mujer de religión islámica con la que podamos cruzarnos por la calle cuando siquiera en nuestras playas nudistas está prohibido el bañador más recatado.

Puede que toda esta solapada barrera de Vox venga condicionada por el propio miedo de Abascal a que Pedro Sánchez adelante las elecciones, y Pérez Llorca haga otro tanto aprovechando el tirón que las últimas encuestas publicadas dan a su partido, por mor del general hartazgo contra un socialismo reconvertido en sanchismo, donde importan más las nominaciones venidas desde arriba, que las ideas surgidas desde las Casas del Pueblo, o el sindicalismo de empresa, donde por supuesto «Solidaridad», el sindicato de Vox, resulta irrisorio si lo comparamos con Comisiones Obreras, UGT, CSIF, o la USO, y no es ahí donde la ultraderecha planteará batalla.

Vox bizquea con el ojo derecho clavado en la agrupación de ultramontana todavía más ultraísta que ellos propiamente: «Se acabó la fiesta», que en nuestra provincia sacó (un tal Alvise Pérez) considerables resultados en las últimas elecciones europeas; y con el ocular izquierdo escudriña posibles alternativas para arrebatarle votantes al PP. Ambas sisas de votos son tan inconcretas en futuro para Vox como no entender que la derecha a la derecha del PP, hoy necesita reagruparse, tal cual la izquierda a la izquierda del PSOE convertida en una sopa de letras indigerible para un elector supuestamente «progresista». Así que los pupilos/a de Abascal ¡ay del que no lo sea fidedignamente! tendrán que entrar en la bronca permanente del mucho ruido y pocas nueces contra cuanto emane del equipo de gobierno te pero, siempre y cuando no afecte a puntos ideológicos comunes, amén de inalterables, y que ustedes pueden encontrar en cualquier breviario de Ciencias y Derecho Políticos.

Una cosa es la berrea cotidiana contra el mayoral, y eso se le da estupendamente a Vox, pero otra muy distinta es pegarle una cornada letal que lo aparte de la alcaldía obligándole a convocar elecciones. Estarán conmigo en que semejante disyuntiva sólo puede beneficiar a la izquierda, pues tiene más fácil el Partido Socialista chupar votos útiles de Podemos o de Compromís, que el conformismo democrático del PP arrebate la papeleta del cabreo de los indecisos dentro de su arco electoral, incluso de quienes van por libre y votan indistintamente en según qué elecciones. Las altas esferas del poder en Madrid observan las figuras en el tablero municipal alicantino y nadie quiere un jaque mate pastor que dejaría en evidencia a quienes lo han permitido a sabiendas o por pura incompetencia manejando riesgos. A Vox se le acabó la fiesta si quiere demostrarse capaz de gobernar a un espectro mucho mayor que el de sus bravatas antisocialistas y, por supuesto que todo aquello que consideran «el orden natural de las cosas»: la Cruz y el dólar.

En política, creo, no se puede ni debe especular amenazando sin dar, porque acabarías siendo víctima de tus propias contradicciones. Barcala tiene para rato salvo que en Madrid, y por identidad en Valencia decidan una declaración de guerra total y en el ámbito nacional en la que él («mi querido Luis» como lo llama Feijóo), sólo es jefe de un pelotón alicantino. Todavía algunos «compañeros» de partido deslizan su estrecha amistad y pasada colaboración personalísima con Mazón.

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