Barcala opinión Pedro
"Lo que desgasta no es el poder, sino la oposición"

Dice un viejo proverbio árabe: «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», máxima que Pedro Sánchez intente imponer como predica de su Gobierno, en la convicción de que un ataque al PP, tanto por su izquierda como por su derecha, acabará desmoronándolo, o, cuando menos, rebajar sus mayorías demoscópicas en las últimas encuestas; sobre todo pensando (vanitas vanitatis) que Alberto Núñez Feijóo, por muy viajero que se ande apostando autonomías, tiene menos tirón electoral, que él propiamente atrincherado en La Moncloa. Ya lo antedijo Churchill: «de fracaso en fracaso hasta la victoria final». Y a lo que parece Pedro Sánchez quiere ir fracasando en cualquier concurso electoral sea local o autonómico hasta llegar a las elecciones generales donde amenazando: «yo, o el caos», consiga ahormar otro gobierno Frankenstein, o la fuga a la Europa de las prejubilaciones faraónicas. Y

Andalucía, Extremadura y ahora Aragón: «vaya polizón que les dimos ellos a nosotros» lloran las maniqueístas tertulias radiotelevisivas proclives al Gobierno y limpiándose la moquera las sedes socialistas en claudicante derrota inapelable, lo que da lugar a mayores brotes de discrepancia con la calle Ferraz como correa de transmisión del Consejo de Ministros.

La arriesgadísima táctica sanchista, potenciar a Vox desde los medios de comunicación controlados, dándole toda la chance posible, parece un fiasco estratégico porque aun con un Abascal doblando los resultados, no suma, ni de lejos», los mismos que tiene el PP en cualquier convocatoria pasada, presente y futura.

La mujer del César

El PP se hizo fuerte y elástico cuando recogió a los votantes de Alianza Popular por un costado, y a Ciudadanos por otro. No le costará mucho ladearse a la diestra, obviamente presionado por Vox, y todavía menos repartir cargos de funciones y mandatos secundarios. Algo que por cierto ya ha venido experimentando tanto en la Comunidad Valenciana como en Murcia, y que yo sepa no se han movido los arneses de la democracia, ni el catecismo político de la Constitución española (jurada – al pie de la letra – también, no lo olvidemos, por Vox).

La izquierda que tanto ha insistido en que Aragón era piedra de toque homologable a unas elecciones generales, ahora cambia el discurso como buen trapisondista ideológico, e intenta presentarlo como casual anécdota del acostumbrado balanceo electoral, pero sin aceptar que el nivel se mueve en su contra (cada convocatoria más diferenciador) porque el votante no solamente está decepcionado con el socialismo de salón, sino e incluso cabreado elector con una economía que paradójicamente beneficia más a los poderosos en detrimento de la siempre sacrificada clase media hacia abajo y peor parada, en román paladino: antisocialismo y antiespañol.

Vox ya ha confirmado que quieren para Aragón lo mismo que se negocia en la Comunidad Valenciana, recordemos que esos pactos nacieron con el hoy malhadado Carlos Mazón, pero están perfectamente apuntalados por Pérez Llorca. Tampoco Luis Barcala tiene mayores problemas con Carmen Robledillo de Vox, ambos dirigentes siguen «avant la lettre» el lema democristiano italiano: «lo que desgasta no es el poder, sino la oposición». Su razón lleva el PP porque a la oposición ni está ni se le espera.

El portavoz de EU-Podemos, Manolo Copé, intenta mover ficha ante la debacle maña de la izquierda a la izquierda del PSOE, pero su intento resulta irrisorio, salvo como proyección personal futurible; incluso y aunque Vox, en plena euforia aragonesa, intente apretar un poquito más las clavijas al alcalde Barcala lo tiene claro: ceder en algo para que todo siga igual. ¿Pero alguien sería capaz de imaginar que el PP alicantino apoyarse a Robledillo hasta la alcaldía? ¿O que, ya puestos en fantasías lo haga la izquierda? ¿Pudieran plantearse decisorias gobernanzas, urbanismos y más proyectos en todas las áreas municipales sin el explícito concurso de Vox? ¿Hay otra alternativa aglutinadora (sumandos) en la desunida izquierda? ¿Los asuntos graves de municipios de más de 100.000 habitantes no se resuelven en Madrid tanto para los populares como para los de Abascal? ¿El enemigo (espectro electoral), es mi enemigo para llegar a derribarlo? Todas estas preguntas se resuelven casi en el enunciado.

Las grandes circunscripciones proponen y Madrid dispone, esencialmente en partidos de marcado carácter nacional y centralista. Mientras la Chunta Aragonesa ha tenido un subidón, su homólogo Compromís anda a la baja irremediable. Vox intentará desmarcarse del PP, pero sin romper la baraja nacional porque semejante desgarro de la derecha podría volverse en su contra. Ahora sólo falta, también en Alicante, comprobar Cuantos puntos podrá llegar a asumir Barcala (un liberal confeso) sin levantarse de la mesa, aunque le dé las tantas negociando, mientras el ujier y los asesores respectivos dormitan en el Salón Azul bajo la impostada mirada de alcaldes y alcaldesa precedentes.

1 comentario en «El enemigo de mi enemigo»

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